lunes, 1 de octubre de 2012
Realidad Confusa
Confusa, se despierta entre sueños, balbucea sin sentido hasta que consiente ser absorbida por la realidad. Le cuesta regresar. No es sencillo rescatar la percepción de las cosas antes que la conciencia, que los sentidos vayan recuperando uno a uno la voluntad, que la mente se ubique en el mundo y la persona en las circunstancias.
Se recuesta sobre la mesa del escritorio, el café humea. Su mirada adormecida se pasea por la habitación hasta una ráfaga de luz procedente de la ventana, la cual le devuelve un brumoso espectáculo; un confuso paisaje pintado en tonos ocres y grises, como si el mundo no fuera más que un boceto sin terminar trazado por alguien tan entumecido como ella, creando de este modo una sensación inconsistente de eso que a la gente le gusta llamar realidad.
“Realidad…” susurra mentalmente –“Quién sabe si la realidad es tal y como la vemos o tal y como la inventamos…”
Abre los ojos, ha percibido un sonido apagado procedente de la puerta. Ajusta un poco la vista, y distingue un sobre color crema en el suelo junto a ella. Se levanta. Observa sus pies, están envueltos en una extraña bruma blanquecina que se extiende lenta, suavemente por toda la estancia. Avanza, despacio hasta el lugar donde se encuentra el sobre, se agacha y tantea con la mano para encontrarlo entre la densa niebla. Lo coge. Su nombre está escrito en grandes letras mayúsculas, su tacto extremadamente satinado y está un poco arrugado por los bordes.
Casi con reverencia lo abre, con mucho cuidado de no dañar el papel. Un folio doblado en dos mitades, en él una frase:
SÉ QUIEN ERES
Se asoma por la mirilla, no hay nadie en el rellano, ni ruido en la escalera, aún así abre la puerta. Sigue sin haber nadie. La niebla se extiende lentamente, invadiendo el espacio como lava blanca, casi líquida y consistente, hasta llegar al primer peldaño donde se desaparece. Detrás de ella suena el teléfono; el timbre agudo la aturde, es mucho más fuerte de lo normal, con cada tono las paredes y el suelo se estremecen como si hubiese un ligero seísmo. Tapándose los oídos con las manos, trastabillando, consigue llegar hasta él y contesta. Al otro lado de la línea, aún más ensordecedor e inquietante, el sonido que producirían las hojas de mil tijeras afiladas cortando simultáneamente una cortina interminable le hiela la sangre en las venas, acelera sus latidos. Cuelga.
En su mano continúa el sobre, y en el papel ahora pone:
ÉSTA NO ERES TÚ.
Abre los ojos, el café humea. Su mirada vaga por la habitación hasta la puerta cerrada. El sol entra a raudales por la ventana, la claridad la obliga a entornar los ojos. Desde la calle percibe las risas y los gritos ahogados de los niños que van a la escuela acompañados de sus madres, los motores de los coches rugen quedamente sobre el asfalto, los sonidos amortiguados por el doble acristalamiento cobran de repente una entidad totalmente opuesta, creando el efecto de que no hay más realidad que esa.
“Realidad…”- susurra mentalmente.

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