lunes, 15 de octubre de 2012
Pesadilla
Me miro en el espejo, y en él se reflejan el peso de las horas de insomnio. Me asusta la palidez de mi rostro, la profundidad de mis ojeras. Detrás del espejo está la cama, ese monstruo que me tienta, que me ofrece un premio que nunca puedo recibir; la odio, en cambio la sigo buscando con anhelo cada noche. Cierro los ojos, intentando despejar mi cabeza, condicionándome de todo lo que voy a tener que pasar, las pesadillas a las que me voy a tener que enfrentar.
Tengo miedo, lo reconozco; ¿pero cómo no tenerlo cuando sabes todo lo que vas a ver, todo lo vas a sentir? Siempre me consideré una persona fuerte, ahora me asusta mi debilidad.
Voy hacia la cama, y siento como el peso de mis pies se incrementa cuanto más me acerco a ella. La adrenalina invade mi cuerpo, mi corazón se acelera y sus latidos me martillean la cabeza; tengo que morderme el labio inferior para no marearme. Cada día me cuesta más. Cuando consigo acostarme el sudor perla mi cuerpo y los músculos de mis piernas se quejan por el trabajo realizado. Recupero el aliento poco a poco antes de meterme entre las mantas.
Ya estoy; tendida con la mirada fijo en un techo que me conozco de memoria. Mi mano busca el interruptor, pero mis dedos no lo quieren pulsar. Siento como la desesperación crece dentro de mí. Apago la luz.
Me quedo escuchando el silencio de la noche, dejando que mis ojos se acostumbren a la oscuridad que me rodea para que cerrarlos no me resulte tan complicado. Es un truco que por ahora engaña a mi mente, pero cada día me cuesta más hacerlo. Siento como mi cuerpo se sume en un estado de falsa tranquilidad, mi ritmo cardíaco desacelera, la sangre fluye más lenta entre mis venas, mis pulmones cogen más aire y lo aguantan más tiempo. Ahora o nunca.
Cierro los ojos ante la protesta de mi cabeza, que me pide que los abra para no ceder a las pesadillas; pero tengo que hacerlo, llevo tres días sin dormir y necesito descansar. Esa guerra interior dura más que de costumbre y a punto estuve de ceder, pero conseguí mantener los ojos cerrados.
Ahora solo me queda esperar a que el sueño venga a mi encuentro, y con él las pesadillas que ahogan mi alma. Siento como voy perdiendo la razón de forma lenta, como si me estuvieran avisando de que me están esperando.
Y llego a junto a ellas.
Estoy sola en un campo totalmente llano, donde mi vista se pierde en un horizonte que está a miles de kilómetros. Mire hacia donde mira solo veo verde y azul. Tampoco se escucha nada; ni el cantar de un pájaro, ni el respirar de una lagartija, ni el aleteo de una mariposa. Un silencio infinito que se extiende ante la nada.
Empiezo a andar buscando la más mínima señal de vida, todo es en vano.
Entonces empieza, ya está aquí, me encontró. Echo a correr aún cuando no soy capaz de mirarlo, siento como grita de júbilo por hallarme. Corro como si se me fuera la vida en ello, como si la posibilidad de despertarme no existiera.
Freno en seco, ante mí acaba de aparecer un bulto, lo miro lejos, en la distancia; pero en dos zancadas llego a su lado. Tiene forma humana y me agacho a su lado para suplicarle que me ayude; las palabras se mueren en mi boca. Es él. Su enorme sonrisa me recibe y sus colmillos me dan la bienvenida.
Grito y él se ríe en una carcajada que me perfora los tímpanos.
Vuelvo a correr, más rápido que antes si cabe. Su carcajada quedó suspendida en las manos del eco y por mucho que me tapo los oídos no puedo dejar de escucharla. Giro la cabeza intentando calcular la ventaja que le llevo pero el ya no está allí, aunque siento como sus ojos me están espiando desde todos los ángulos.
Cuando vuelvo a mirar al frente su cara vuelve a estar delante de la mía, sus ojos vacíos de vida se clavan en los mismos y siento como mi temperatura corporal desciende. Caigo al suelo y escucho como mi brazo se rompe al caer debajo de mi cuerpo. Grito de dolor, mas no me despierto. Reculo como puedo, preguntándome porque no me despierto, porque sigo en el mundo de los sueños. Mis preguntas no tienen respuesta.
Él me mira, se está divirtiendo, lo sé; y esa certeza hace que aún tenga más miedo y que la idea de despertarme de pronto me parezca imposible. En un último intento me vuelvo a tirar encima de mi brazo y, aunque el dolor hace que me salten las lágrimas, sigo estando en el mismo sitio y él sigue estando delante de mí.
Se agacha y siento como sus manos agarran mis tobillos. Pataleo, pero eso solo consigo que gire el brazo de forma brusca y que mi tobillo se rompa. Grito de nuevo, suplico que me despierten, pero sé que nadie va a hacer nada. Sus manos se cierran entorno a mi cuello y aprietan despacio, privando de aire a mis pulmones con demasiada lentitud. Siento como la vida se me escapa, como mi último aliento se acerca. Me pierdo en sus ojos y miro su satisfacción antes de que se me cierren para siempre.
Conquistar el cielo
Me senté y cerré los ojos y entonces me vi... me vi a mi, llena, repleta de amor que no había dado, de amores que nunca habían sido amores, rodeada de personas que no me interesaban. Entonces paré... Y me acordé que me habían amado, que había personas que realmente se interesaban por mi.Me acordé de cada una de las tarde donde me había dedicado a caminar en silencio por la calle, con la cabeza solamente en el canto de los pájaros, sintiendo el aroma de cada una de las flores. El olor a jazmín de aquel chalet...
Viajé hasta mi infancia, cuando me sentaba bajo los árboles para escribir cartas de amor que nunca iba a dar, me acordé cuando me escondía detrás de los árboles para ver ese chico que robaba todos mis sueños, mientras que soñaba, vivía una vida nueva, llena de felicidad, un sueño que no terminaba nunca.
Y fui a mi adolescencia metida en libros que contaban grandes historias de amor, donde yo podía seguir imaginando mi futuro, cogía mi cuaderno y escribía una poesía tonta para el amor del momento, ese amor, ese amigo que nunca se había fijado en mi.
Las tardes de deberes y merienda con mis amigas hablando de chicos,las escapadas a fumar con Lorena cuando ya no queríamos hacer mas gimnasia, los chicos malos del barrio con los que nos gustaba charlar, como si eso nos diera seguridad, y las tardes de fin de semana interminables, mirando un cielo que algún día sería mío.
Y llegué a la casi madurez, los veranos en la playa, conquistando corazones inconquistables, con una histeria estúpida, tomando sangría corriendo durante ratos por la playa para no perder la costumbre de correr y con los pies descalzos por la playa no olvidarme que podía caminar despacio también.
Me acuerdo que un día me desperté y dije, bueno ya soy grande y busqué un trabajo, ya no me divertía salir, ya no me divertía beber, ya no me divertía hablar con los chicos malos del barrio, pero todavía me sentaba debajo de un árbol a escribir o leer, o de espaldas al cielo viendo como las hormigas hacen su trabajo con una rigidez casi absoluta, o miraba el cielo y seguía pensando "un día eso va a ser mío" y me iba en una nube a recorrer el mundo que habitaba en mi cabeza, las pirámides de Egipto, las playas de México, las Navidades de New York, los trenes de Tokio, la muralla china, el camino Inca, Roma, París, Brujas que siempre fue un lugar de ensueño, cada lugar era un misterio.
Conocía personas mentalmente, imaginaba situaciones divertidas y ridículas, nunca perdí la facilidad de reírme sola y sin sentir vergüenza, sin creer que estará pensado la gente de mi sonrisa.
Cuando abrí los ojos me di cuenta que soy una niña que todavía mira el cielo sabiendo que lo puede conquistar cuando quiera, y una mujer que lucha por alcanzar todos los sueños, sabiendo que disfruto cada partícula del tiempo que me fue dado.
…Que sucede ojos tristes, ojos llorosos
pupilas apagadas
labios resecos y temblorosos...
...Dónde están tus alegres miradas
tus pupilas sonrojadas,
y la sonrisa de tus labios
qué sucedió con tu rostro...
...Por qué tu corazón llora
donde dejaste la alegría de tu alma
y toda la felicidad
que compartías y radiabas...
...Estás decaída, estás ausente
qué sucedió en tu interior
qué piensas, qué deseas
por qué no te descubres,
no te buscas, no te respondes...
...Por qué no ríes cada día
vuelve a lo infantil, a tu niñez
se como siempre
optimista, segura y feliz...
...Que las cadenas de la amargura no te aten
deja atrás en lo que te transformaste,
y siempre recuerda
que solo en ti va
que las fuerzas no se te acaben...
Cadenas
Mientras miro la plenitud del sol, el atardecer, y el anochecer; mi corazón se encuentra afligido, triste, al no poder librarme de las cadenas que día a día siguen apretando mas y mas a mi corazón.
Siento que el tiempo para mí se está acabando, que en cualquier momento mi alma se separará de mi cuerpo; mi corazón late desesperadamente, tratando de buscar consuelo, pero termina muy cansado, porque otro, otro día sin descanso, otro día sin poder librarme de las cadenas que poco a poco siguen destruyendo mi corazón y mi cuerpo.
A través del espejo, miro mi rostro - que en otras ocasiones lucía radiante, lleno de alegría – ahora luce muy cansado, ya no refleja esa luz, esa chispa que emanaba, y que radiaba de alegría; mi cuerpo encorvado - pareciera que la edad ha hecho estragos rápidamente en el- ya no es el mismo.La rapidez y la agilidad simplemente han desaparecido, se han ido y han desaparecido de mí, dejando una profunda tristeza, que día con día se observa con mayor asomo en mi rostro.
¿Cuando? ¿Cuanto tiempo mi corazón esperará, para poder escaparme de esas tormentosas cadenas, que un día o algunos meses parecían agradables?
Hoy es un día diferente a todos...Porque dice en el calendario que es una fecha diferente a la de ayer.Porque el reloj marca la misma hora, pero en un día diferente.Porque presencio otro clima que el de ayer.Pero para mi hoy es igual que ayer y sobre todo no noto la diferencia.
Melancolía
Sólo en la soledad del universo uno piensa que todo en la vida pasa sin motivo alguno. Nos sentamos a ver la lluvia caer mientras la melancolía fluye a través del sonido de las gotas por doquier, el ambiente se respira diferente mientras la nostalgia nos inunda aun en calor de la seca habitación. En la mirada triste del paisaje mojado nos encontramos a nosotros mismos haciéndonos preguntas sin respuesta sin motivo alguno.
Solos... Solos en la inmensidad del universo que se mira triste desde la ventana en una habitación, con nada más que nosotros mismos en un error que detiene al tiempo para nosotros.
Y cuestionando inútilmente al pasado nos decimos... ¿Qué pasa entonces?... ¿No lo hicimos bien? ¿Ya deberíamos olvidarlo de una vez? O ¿es que nos gusta sufrir en las noches lluviosas?
Nadie lo sabe verdaderamente, pues el universo aparentemente no contesta en noches lluviosas.
Imbatible sensación de pugna entre el juego del ayer y la realidad de hoy. Sólo la melancolía que viaja con la música hipnotizando nuestro oído mata el rato y a nuestros pensamientos, música que separa la razón del corazón haciéndonos más libres, haciéndonos sentir con las notas aquella emoción que extrañamos con el alma.
Miserablemente... Sólo sucede por instantes pues el momento es eso y nada más. Después sólo es la sensación de vacío si no tienes a nadie a quien llamar. Nadie... Y quizá exista alguien a quien llamar para decir nada, pero la posibilidad de llamar a esa persona especial para nada o lo mismo, es remota en la oscuridad y serenidad de la noche lluviosa. No hay deseo ni anhelo, a veces ambición de compañía en donde sólo está la cama y una silla, un techo con lámpara que no deja de ser solitaria en la inmensidad de la nada, que nos tiene cautivos con la mirada fija. Y eso provoca sentir y recordar que hoy como ayer estamos... Solos.
Sólo en la inmensidad del universo, en esta noche lluviosa
El olvido es un pajaro
-“Perdona, ¿tienes hora? el autobús está a punto de llegar y no sé de qué color ponerme los zapatos”. El hombre me mira entre curioso y distante, como si le hubiera interrumpido en medio de alguna disquisición fundamental pero sin llegar a molestarle del todo. Repasa mi cuerpo de forma anómala, extravagante. Las manos, después los ojos, para terminar en mis pies descalzos. “Bonitos calcetines” comenta ignorando mi pregunta. Pero su voz parece haber surcado todas las oscuras cavernas del mundo antes de acabar en mis oídos. Entonces comprendo. Es la Muerte. No me sorprendo, aunque nunca imaginé que la Muerte llevaría traje de chaqueta y tendría orejas de gato. Le observo con discreción. El resto de sus rasgos me resultan bastante anodinos; por ello, no los recordaré. Pero su voz y sus orejas, decido en el momento, eso sí que me lo traeré de vuelta. -“Gracias”. Contesto, y empiezo a escabullirme por la calle, no sea que le apetezca ser más diligente en su trabajo. Hay más paradas de autobús. Más autobuses. Aunque pensándolo mejor, no me apetece demasiado subirme a un autobús atestado de gente estando descalza. Me los imagino a todos, con sus caras disgustadas, mirándome de arriba abajo, fijando sus pupilas escrutadoras en mis calcetines sucios por el asfalto, y la idea me estremece, de igual manera que estimula algún resquicio de mi conciencia subversiva. Pero no. Hoy, ni estoy de humor para ir a clase, ni para enfrentarme a la Muerte ni a los prejuicios de la sociedad. Me apetece algo más intimista. Tal vez una biblioteca. Por eso busco una. Sí. Libros. Silencio. Paz. Contradictorio, ciertamente, pero la paz inunda las bibliotecas como el agua la tierra de una marisma. Entre libros que narran los crímenes más atroces y guerras salvajes se puede escuchar nítidamente el susurro del aleteo de una mosca. Los relatos transcurren de puertas para dentro sucediendo con bullicio en la mente de quien los lee. Sus oídos, invadidos por los gritos y el entrechocar del acero, las risas, las voces, las olas del mar y las explosiones, están cubiertos por una paradoja de silencio. Pestañeos, inhalaciones y exhalaciones de aire. Para un oyente externo no hay sonido más relajante que el de una mente ajena a la realidad de su existencia. Los observo y los envidio. Yo también deseo sumergirme en esa paradoja. Miro las estanterías, inabarcables, infinitas a mis ojos. Me armo de valor y avanzo por una galería estrecha. Instintivamente busco la “O”. Mientras camino calculo que hay unos 60.000 libros cuyo título empieza por la “N”. De la “Ñ” tan sólo encuentro ocho. De la “O” sólo hay un ejemplar. Conozco el nombre de antemano. Lo ojeo. Al azar escojo una página y leo. “El olvido es como el pájaro que se va y no regresa en la estación siguiente ¿Qué habrá sido de él? Uno se pregunta. Tal vez encontró en su camino algún otro paraje en el que decidió quedarse. Tal vez un lugar en el que las aguas cálidas lo acogieran durante todo el año. Pero lo cierto es que nunca sabremos qué habrá sido o qué será de aquel pájaro”. Entonces tengo un absurdo pensamiento. Me gustaría ser la cazadora del pájaro. Iría en su busca y no pararía hasta dar con él. Lo encontraría quizá apacentando en una laguna cercana, tal vez muerto entre la hierba del deshielo. Pero lograría acariciar sus plumas una última vez, para cerciorarme de su existencia, antes de volverlo a dejar a su suerte. Absurda profesión que ojalá recuerde: Cazadora del Olvido. Enfrascada en mis pensamientos escucho un grave carraspeo a mi espalda. Me doy la vuelta. -“¿Otra vez usted?”- Pregunto. -“Hola” -su voz, esta vez, me resulta algo más cálida.-“Buscaba cierto libro que escribí hace tiempo.” -“¿Es escritor?”.-Hablo de nuevo, con la cautela inevitable al iniciar una conversación con Ella. El hombre se encoge de hombros como si no supiera bien qué contestar a esa pregunta. -“¿Y sobre qué escribe?” En esta ocasión, más interesado, medita durante unos instantes la respuesta. -“Uno escribe sobre lo que mejor conoce.” Su media sonrisa es casi amistosa, comprensiva. Apenas siento el impulso de abrazarlo, aunque me contengo. -“Entonces este libro es el que anda buscando.” Lo dejo en su mano y me despido con un gesto. “Lo siento mucho- digo mientras me alejo entre las estanterías.- No puedo quedarme a conversar con usted. El despertador está a punto de sonar, y si continúo dormida, perderé de nuevo el autobús. Me temo.”
Hasta luego
Una noche cualquiera, una noche única. La misma que se confabula con mi confidente astral para darte un hasta el luego largo en el tiempo. Y mientras el tiempo se consuma, mi pena bañada en el llanto ausente del lamento me servirá de terapia limpiadora en pago por el nefasto equívoco.No es nuestro tiempo, quizás nunca lo fue. No por tu presencia en mi vida sino por la mía al cruzarse por la tuya. Por pretender llevarte a la fuerza, prisionera en mi caravana de patosos vaivenes. Expuesta a esos vientos cambiantes de un alma embarullada.
Mi corazón siente tu ventura través del tiempo y el espacio. Créeme cuando declaro que me regocija lo que percibo. Contentura que se desdobla en ese recordatorio de mi error. Filoso cuando corta el espíritu, nauseabundo cuando disuelve su hiel en el paladar etéreo del recuerdo. Persiste campeadora de la luminiscencia, ve hasta los confines de tu ilusión. Sigue y no voltees la mirada.
Porque tras de ti queda el pasado que es historia escrita en mármol. Y como tal ya es imborrable con sus atinos y sus yerros. Desde ahí mi corazón te bendice mientras se desvanece bajo la espesa niebla del hasta luego definitivo.
Amor mal correspondido
Querido amor mal correspondido:
Te quiero dar las gracias por todo el tiempo que estuviste a mi lado. Sí, gracias. Sólo un corazón malherido y agonizante puede interpretar la excelente lección de vida que tú me otorgaste. Gracias, aprendí que el tiempo no es mucho ni suficiente cuando tú estás a mi lado, ahora valoro más el tiempo. Gracias, aprendí que los momentos difíciles tienen su razón de ser y en algún momento me unieron más a ti.
Ahora, agradezco que la tristeza pase de vez en cuando por mi vida, es un buen pretexto para recibir un abrazo extra y un hombro confortable para llorar. Gracias, por ser capaz de descubrir mi alma, pues te amé con toda ella y entendí que no soy sólo cuerpo, soy espíritu y soy amor. Gracias, no me diste bombones el día de San Valentín en cambio me diste una sonrisa.Ahora, mi más sincero agradecimiento. Gracias, a tu crueldad, a tus mentiras y a tu desprecio aprendí que mi corazón es un guerrero.
Gracias a la violencia con la que lo lastimaste aprendí que es fuerte y se puede levantar. Gracias, lo hiciste llorar tantas veces, que aprendí que las lágrimas desintoxican el espíritu. Gracias, me hiciste tanto, tanto daño, que aprendí que soy un guerrera que puede librar mil batallas. Ahora, ya no te anhelo, ya no te siento, ya no te amo.
Ahora, gracias a eso, arreglé mi maltrecho corazón, con paciencia y mucho cariño. Como seguramente te habrás dado cuenta, yo no he hecho tanto por mí como tú.
Yo simplemente me amo.
Barro viviente
Pobre hombre que se cree poderoso, cuando no conoce ni siquiera en qué consiste el poder.
barro viviente, que añora en silencio el recuerdo de sus aladas formas. Que miras a la luz del sol como el náufrago mira la luna en la oscuridad, sabiendo dentro de tu corazón que jamás podrá alcanzarla ridícula y triste criatura que mira el horizonte sobre lo más alto de un rascacielos, engolosinándose en su poder, sin saber la insignificancia de la altura de su mirador. como el ave que vuela sobre las montañas y cree que esta en el sitio más alto del universo.
Pobre ser de carne sangre y huesos, que califica su éxito, por los montones de papelitos de colores que sabe guardados en alguna bóveda fría, por los bienes que sabe que posee pero no goza, por el amor que cree tener pero que no siente, por las palmaditas que recibe sin saber que esas manos quisieran ser puñales que atraviesen su carne. Pobre hombre que se cree en imagen y semejanza a Dios y que cree que esto lo justifica en todo ante sus ojos…
Pobre, pobre ser que en silencio y atacado por los pájaros negros de sus pensamientos, trata de alejar con un manotazo invisible, el recuerdo de un único beso de amor, cuya pureza lo asusta, el recuerdo de unas lágrimas puras, que un día, que ya no recuerda, mojaron su rostro de niño como agua bendita y que lo bautizo para siempre. Pero que no pudieron evitar que al crecer, el hombre devorara al niño que llevaba dentro.
Criatura terrible que hoy al verse al espejo, ve reflejada, una imagen de un traje caro y joyas relucientes, pero en cuyo rostro sus ojos secos, croan como sapos del desierto, y cuyos caros perfumes no pueden disimular el pantano en el que chapotea su alma. Pobre hombre que dice representar a Dios y es su profanador más activo y su vergüenza mayor, pobre ser que debe repartir bendiciones cuando sabe que profana el viento en que bate sus palmas.
De rodillas queda postrado, pero no está rezando, sólo se esconde agazapado, del ojo que sabe que lo busca, que sabe que lo encontrara, pues ya lo vio hace siglos antes del nacimiento de sus primeras generaciones, en medio de la nada y de todo lo creado hasta entonces.
De pronto la gente a su alrededor, lo escucha sollozar, pero no es de fe, sino de miedo, de ese miedo que sabe mil veces justificado cuando se encuentre muy pronto con su destino para escuchar el juicio de su creador.
Renuncio
Renuncio a ser adulta...
Quiero volver a estar en un mundo donde existen increíbles personajes que pueden dormir cien años y despertar con el beso de un príncipe y no envejecer.
Donde hay seres que pueden volar, llevarse a unos niños al país de nunca jamás y repetir fielmente "las hadas existen y yo creo en ellas".
O donde hay un par de hombrecillos que todos los días del año, menos uno, me cantan alegremente ofreciéndome una taza de té "feliz, feliz no cumpleaños" dejandome confundir con un gato con rayas en mis más hermosos y raros sueños.
Por supuesto que también lucharía con y contra ellos ofreciendo la misma pasión que cuando hago por recuperar el alma de aquel pirata y aprender lo que la princesa no logró en 100 años de sueño. Intentando mantener un equilibrio entre la fantasía y lo crudo de la vida real. Sin sentir nunca miedo a que me crezca la nariz, sin rendirme porque me digan que los sueños siempre se hacen realidad.
Quiero ir al Mc Donal*** y pensar que es un restaurante de cinco estrellas. Quiero hacer flotar barcos de papel en un charco y pintar con acuarelas.
Salir de casa sin preocuparme como llevo el pelo. Pensar que las chucherías son mejor que el dinero, por que estas se pueden comer. Tener a alguien que me planche la ropa. Que me hagan la comida y no preocuparme por tener que hacer nada.
Quiero regresar al tiempo donde la vida era simple...
Seguir pensando que el mundo es justo, que es honesto y que todo es posible. Donde los únicos conocimientos que tenia eran los colores y las tablas de multiplicar. No me
enfadaba, porque no sabia que no sabia y no me preocupaba por no saber.
El problema es que en algún momento de mi madurez aprendí demasiado. Aprendí que habían armas nucleares, guerras, prejuicio, hambre...Aprendí sobre mentiras, matrimonios infelices, sufrimiento, enfermedad, dolor y muerte. Descubrí una realidad cruel.
¿Que ha pasado? ¿Donde esta el tiempo en el que pensaba que viviría para siempre, simplemente por no comprender el concepto de la muerte?.
Quiero volver a esos momentos, donde pensaba que todos eran felices porque yo lo era. Pasear por la arena de la playa intentando encontrar la concha mas bonita, desconociendo la erosión o la contaminación.
Sin preocuparte del tiempo, las deudas o de donde iba a sacar el dinero para arreglar una bicicleta. Pensar simplemente en lo que quería ser de grande, sin preocuparme de si lo iba a conseguir o no.
Viviendo de una forma simple.
No quiero que mis días sean montañas de trabajo en la oficina, de noticias deprimentes, de como sobrevivir unos días mas al mes cuando no queda dinero. No quiero que mis días sean de facturas, médicos chismes o perdidas de seres queridos.
Volver a creer en el poder de la sonrisa, del abrazo, del apretón de manos, de la verdad, de la justicia, la paz, los sueños, la imaginación...
Volver a creer en la raza humana y dibujar muñecos en la arena........
Me pregunto...¿En que momento, se volvieron mundos distintos?.
sábado, 13 de octubre de 2012
Lo has sentido
¿Lo has sentido?
Te acuestas en tu cama dispuesta a dormir, solo escuchas el segundero del reloj... Antes de dormir reflexionas sobre todo lo que sucedió durante el día, tu trabajo, tus amigos... pero de pronto hay una pequeña sensación dentro de ti, es indescriptible y te hace sentir insegura.
Te sientes sola, nadie se encuentra a tu lado, hace ya bastante tiempo que aquella persona a la tanto amabas se ha ido...
La recuerdas e intentas imaginar que ha sido de ella, si algunas veces piensa en ti o en lo que alguna vez hubo... pero otra vez comienzas a sentir esa sensación, que te hace abrir los ojos ¿ya estabas dormida? ¿O simplemente pensando?
En medio de la oscuridad de tu habitación te haces aquella pregunta milenaria, ¿la vida es un sueño? ¿Todo lo que has hecho fue real? Por un momento te convences de que así fue, pero llegan a ti recuerdos... de tu niñez, de tu escuela, de tus padres... pero esos recuerdos ya son borrosos...
A pesar de lo poco que has vivido, te das cuenta de lo fácil que es olvidar o lo difícil que es recordar, entonces vienen a tu mente las millones de personas que han existido sobre la Tierra o las que aun viven en ella, tantos pensamientos, tantas historias, tanta gente que nadie sabe que existe y quizás nunca sepas que existieron...
Aquella sensación inicial se hace mas fuerte y mas confusa... ya estabas quedandote dormida pero el miedo te hace abrir los ojos, te preguntas si has aprovechado tu vida y de nueva cuenta tratas de convencerte de que sí…
Ahora piensas en tus padres o en tus abuelos que ya no se encuentran contigo, te invade la nostalgia, piensas en tus bisabuelos… que tal vez no conociste, no piensas en como eran sino que pensaban como fue su vida, su historia...
Piensas en como serán o son tus hijos, te llenas de gozo... pero como serán tus nietos o tus bisnietos ¿Acaso sabrán algún día de ti? ¿Sabrán como fue tu vida?
Miras tu mano en medio de la noche, apenas y la distingues, pero la imaginas con arrugas y manchas ¿te imaginas de vieja? Con la espalda encorvada y tus pensamientos divagantes…
Sientes miedo por no saber como enfrentar la vida o como te enfrentará ella a ti, nuestra estancia en esto a lo que llamamos tiempo es muy corta...
Y ahora llega a ti el peor pensamiento... el de tu muerte. En tu habitación todo esta oscuro y te das cuenta de aun no concilias es sueño, has estado totalmente despierta mientras pensabas esto... en esa sensación de “sueño”, ¿es así la muerte?
Te desespera saber que tu muerte será dormir eternamente, imaginas de mil maneras como te llegará, sin embargo, la que más te asusta es morir de manera natural pues piensas que al estar viejo eres poco respetado y tomado en cuenta.
Ahora imaginas tu funeral... asisten muchas personas y todos aquellos a quienes esperabas llegaron, fueron meses difíciles para tus seres queridos y después de un año... nadie asiste a tu funeral, te han olvidado... al segundo año ni si quiera mencionaron tu nombre... ves a tus nietos... y ni si quiera se preguntan por ti...
¿Para qué viviste? ¿Fue en vano todo? ¿De qué sirvió tanto estudio, tanto amor si te han olvidado? No eres más que... no eres nada, ya no eres nada...
Abres los ojos, estas en tu cuarto, con lágrimas en los ojos, y con aquella sensación que tantos sentimientos te han provocado... angustiada, desesperada, pero aun estás viva y eres joven.
Pero aquellas preguntas rondan tu cabeza, después de pensar mucho encuentras la solución... tienes que ser recordada, quieres hacer algo grande en esta vida, romper barreras, triunfar, ser la mejor... la solución es simple: siempre que recuerdas algo, ese algo esta vivo... quieres ser recordado, pues quieres seguir vivo.
Entonces te propones ser recordado
Cosas que odio
El sonido del motor trucado de las motos que atraviesan la calle, escuchar los pájaros hambrientos de la ciudad, los torpes gritos de la gente. Que el café me pida un cigarro, que cada calada me pida una más intensa, que la última me deje siempre un mal sabor de boca, una sensación de decrepitud y vacío que me obliga a desear lavarme los dientes, a lavarme entera, en realidad.
No estar verdaderamente triste ni realmente feliz. La incertidumbre de no estar de ninguna forma, ni siquiera de estar.
Los segundos que pesan como losas. Llevar flores a sus sepulturas cada minuto. Presenciar su nacimiento cada mañana con la angustiosa sensación de que la inscripción de sus lápidas a la noche, lucirá, irremediablemente, el nombre de mi tiempo perdido sin ningún epitafio capaz de adornarlo.
Tener mil cosas que agradecer y mil cosas que ocultar. Que los secretos conserven su cualidad en el presente. Lo que fueron, lo que son, lo que serán no cambia, nunca se quedan atrás, ni siquiera me adelantan. Me acompañan como viejos parásitos que no hacen daño ni desgastan, en apariencia, hasta que aparece ese alguien que nos pone frente al gran espejo y nos los muestra en su inmensa fealdad -lo cual sucede demasiado a menudo para poder convivir en paz con ellos-.
Que cada noche, justo en el instante que precede al sueño, cuando no hay escapatoria, se muestren ante mí esas historias a las que nunca seré capaz de hacer justicia. De lo increíblemente contradictoria que es mi sinapsis y lo mal que se lleva con mi imaginación, entendimiento y vocabulario. De la belleza extravagante que posee todo cuando todavía está dentro, en ese rincón protegido de mi mente, favorecida por todas las sensaciones que no son traducibles en palabras, mimada por mi ferviente egotismo, y el estúpido desacierto en que se convierte todo cuando es expulsado.
Hablar. Estar por debajo de mis expectativas. Que presten demasiada atención a la ingente cantidad de tonterías que digo a lo largo del día. Que todas ellas parezcan un credo, una serie de cualidades morales a las que me he adherido a través de mis experiencias, cuando cualquiera que me conozca sabe perfectamente que eso es justo lo que me falta: experiencia. Todo es pura teoría porque nunca aprendo. Ésta es la primera vez que escribo. Ésta es la primera vez que amo. Ésta es la primera vez que vivo. No me reconozco en nada de lo que he hecho hasta el momento, tan sólo en lo que soy ahora: una enorme, vibrante, ensordecedora y aturdida interrogación.
Adiccted
Me volví adicta, me sentí importante, especial, por fin sentí más que nunca que mi vida y mi existencia tenían sentido, mis días eran una historia por descubrir, un lago lleno de ilusiones sin explorar y todo por minúsculo que fuese cobraba un valor desmesurado, cualquier sonrisa, cualquier mirada, era suficiente para sentir que tocaba el cielo, era una afirmación de mi valía, una razón por la que amarme a mí misma, en esos momentos me sentía una diosa.
Mis días fueron hermosos, me levantaba feliz, contenta por empezar un nuevo día, con ansiedad para vestirme, maquillarme, peinarme, lo hacía por y para él, era mi droga tenía que alimentarme de ella, era tan satisfactorio que no podía parar de pensar en el momento de verlo, de cruzarme, estaba completamente enganchada a la satisfacción que me provocaba.
Pero como cualquier adicción no puedes vivir en ese estado de euforia constante, todo lo demasiado bueno, tiene una cara demasiado mala, y mucho peor cuando has estado consumiendo de la droga durante varios meses y de pronto te la quitan sin ninguna complacencia, sin ninguna tregua, se fue, se marchó definitivamente.
Cambié 3 años de embriaguez a años de un mono insufrible, la necesidad de mi dosis se volvió insoportable, todo lo que había recobrado un sentido atroz, se me volvió completamente vacuo sin sentido alguno, se acabó mi interés, se acabó mi pasión, se acabó mi identidad, ya dejé de valer, ya todo me daba igual.Lo busqué, Dios sabe que lo busqué, lo vi en otras caras, lo veía en algunos comportamientos, hasta lo buscaba en mí misma.Me engañaba a mí misma.
75% de agua y poco más
75% de agua y poco más… Sin ánimo de querer hacer una tesis teológica o metafísica, para hacer una redacción de este tipo, parto de la base de que no veo nada más allá de mi reflejo. Carne, huesos, pelo, etc.… No concibo la idea de un alma o de un espíritu que dicen por ahí que pesa 21 gramos exactamente. Ahora bien, si la valoración de este documento consiste en la descripción moral, ética y física de uno mismo, no me andaré con rodeos. Lo más común sería decir que me considero una persona del montón, algo que la gente suele llamar “normal”, con mis defectos y virtudes. Pero sería demasiado convencional y políticamente correcto. Yo me veo como la hormiga que no trabaja, no por pereza o pasotismo, sino por disconformidad con la colonia. Me siento atrapado en el sistema del hormiguero y veo cómo las demás no paran de cumplir órdenes sin pararse a pensar en el porqué. El entramado que forman no es sino una forma de control sobre ellas, aunque hay quien diría que es sólo una forma de subsistencia. No estoy de acuerdo. Pero me dan lástima las personas sorprendentemente simples que deambulan por el hormiguero, que nunca se han planteado nada más allá del fin de semana o la ropa que se van a poner mañana. O la hormiga que obedece a la reina sin rechistar, a la que marcan un camino y lo sigue sin objeción, no porque obedezca, sino por falta de motivación para decidir por su cuenta. Yo jamás caería en esa red. Si la obligación de este trabajo reside en hacer una definición exacta y detallada de CÓMO SOY, me atreveré, pero no por ello me parecerá lo más correcto, pues creo que son los demás quienes deben hacer uso de ese lujo. Cualquier intento por mi parte de decir si me considero alta, guapa, lista, interesante o por el contrario fea, antipática e imbécil, me parecería una falta de modestia y a la vez de autoestima por mi parte. En todo caso, una idea aproximada de la imagen que tengo sobre mí sería la de una persona de entre 6 mil millones, con capacidad de comprensión y diez dedos, inconformista, leal a quien debo serlo, antisocial a ratos, pesimista el 99% de los días, con gustos musicales coherentes, con mis inquietudes bastardas y melancólicas (para algunas estúpidas) y en resumen, una especie de “romántica auto-destructiva”. Seguramente el que lea esto pensará que soy una rarita, una bohemia o sencillamente una especie de suicida contemporáne. Nada más lejos de la realidad. Aparente y cotidianamente soy una persona de esas que decíamos “normales”, pero en la cabeza de cada uno está la auténtica imagen que tenemos de nosotros mismos. Espero haber conseguido plasmarla fielmente en estas líneas…
lunes, 1 de octubre de 2012
Corazones perdidos
Veo corazones perdidos en un mundo de tinieblas, sueños convertirse en pesadillas torturadoras que maltratan el alma. Veo mentes inocentes que son manoseadas por la maldad, veo la silenciosa paz, ser invadida por el ensordecedor sonido de la venganza.
Escucho el sollozo de un corazón bondadoso, que se siente traicionado por el rencor.
Hay lágrimas que ruedan sobre rostros de impotencia, por las injusticias que se respiran en el ambiente.
¡Hay espíritus sintiendo dolor...! Hay ojos a los que se les ha nublado la mirada, de tanto buscar ansiosamente una luz. Veo al éxito, la riqueza y el amor; encerrados bajo llave en cuarto oscuro y sin ventanas, custodiados por el odio. En medio de tantas cosas también veo una claridad incandescente, unos destellos fuertes de esperanza. Una promesa de salvación que sólo los corazones sensibles pueden percibir.
Baldosas
Llegó la oscuridad, y con ella, una lágrima. Por suerte no todo llega en el orden oportuno. Con el tiempo se aprende –la mayoría de las veces de forma inconsciente- que los acontecimientos no tienen por qué ser lineales, aunque desde luego las estructuras mentales parecen estar preparadas para ello. Es como si tuviéramos el cerebro alicatado con una serie de baldosas grabadas con números ordinales (a modo de camino de baldosas amarillas, pero tal vez un poquito más sobrio): la primera, la segunda, la tercera, la cuarta... Vas poniendo tu pie mental sobre ellas, de una en una, sin saltártelas, ya que la anterior es una consecuencia necesaria de la siguiente, y así, como por arte de magia, van apareciendo una detrás de otra, hasta que la cadena de acontecimientos se termina, bien para comenzar una nueva, bien para estancarse en un número del que, a veces, uno puede llegar a sentirse preso. ¡Cuánto mal ha hecho tanta matemática a nuestras tiernas y sensibles neuronas! Pero no se debe desesperar, siempre hay un consuelo: gracias al cielo y a Cortázar existen las Rayuelas, gracias a la Liebre existen los atajos –gracias a la de Marzo, las prisas-, por no hablar de los puentes, los saltos, las regresiones, el wu way y toda esa parafernalia New Age, que en definitiva, y a grandes rasgos, viene a definir lo que se suele llamar libre albedrío, en realidad, todo aquello que le aporta un poco de color a esta historia. Desde luego sé, no me engaño, que más de un eventual lector pensará que no hay calada sin cigarro, ni reflejo sin espejo al que asomarse, ni un orgasmo sin sexo… aún así, y debido a qué todavía ando en busca de la iluminación sin haberla obtenido, y por lo tanto, en vez de certezas me conformo con la triste y fría esperanza, creo, y espero -aunque no SÉ- pero me permito decir, que a todo cerdo le llegará su San Martín, tarde o temprano.
Realidad Confusa
Confusa, se despierta entre sueños, balbucea sin sentido hasta que consiente ser absorbida por la realidad. Le cuesta regresar. No es sencillo rescatar la percepción de las cosas antes que la conciencia, que los sentidos vayan recuperando uno a uno la voluntad, que la mente se ubique en el mundo y la persona en las circunstancias.
Se recuesta sobre la mesa del escritorio, el café humea. Su mirada adormecida se pasea por la habitación hasta una ráfaga de luz procedente de la ventana, la cual le devuelve un brumoso espectáculo; un confuso paisaje pintado en tonos ocres y grises, como si el mundo no fuera más que un boceto sin terminar trazado por alguien tan entumecido como ella, creando de este modo una sensación inconsistente de eso que a la gente le gusta llamar realidad.
“Realidad…” susurra mentalmente –“Quién sabe si la realidad es tal y como la vemos o tal y como la inventamos…”
Abre los ojos, ha percibido un sonido apagado procedente de la puerta. Ajusta un poco la vista, y distingue un sobre color crema en el suelo junto a ella. Se levanta. Observa sus pies, están envueltos en una extraña bruma blanquecina que se extiende lenta, suavemente por toda la estancia. Avanza, despacio hasta el lugar donde se encuentra el sobre, se agacha y tantea con la mano para encontrarlo entre la densa niebla. Lo coge. Su nombre está escrito en grandes letras mayúsculas, su tacto extremadamente satinado y está un poco arrugado por los bordes.
Casi con reverencia lo abre, con mucho cuidado de no dañar el papel. Un folio doblado en dos mitades, en él una frase:
SÉ QUIEN ERES
Se asoma por la mirilla, no hay nadie en el rellano, ni ruido en la escalera, aún así abre la puerta. Sigue sin haber nadie. La niebla se extiende lentamente, invadiendo el espacio como lava blanca, casi líquida y consistente, hasta llegar al primer peldaño donde se desaparece. Detrás de ella suena el teléfono; el timbre agudo la aturde, es mucho más fuerte de lo normal, con cada tono las paredes y el suelo se estremecen como si hubiese un ligero seísmo. Tapándose los oídos con las manos, trastabillando, consigue llegar hasta él y contesta. Al otro lado de la línea, aún más ensordecedor e inquietante, el sonido que producirían las hojas de mil tijeras afiladas cortando simultáneamente una cortina interminable le hiela la sangre en las venas, acelera sus latidos. Cuelga.
En su mano continúa el sobre, y en el papel ahora pone:
ÉSTA NO ERES TÚ.
Abre los ojos, el café humea. Su mirada vaga por la habitación hasta la puerta cerrada. El sol entra a raudales por la ventana, la claridad la obliga a entornar los ojos. Desde la calle percibe las risas y los gritos ahogados de los niños que van a la escuela acompañados de sus madres, los motores de los coches rugen quedamente sobre el asfalto, los sonidos amortiguados por el doble acristalamiento cobran de repente una entidad totalmente opuesta, creando el efecto de que no hay más realidad que esa.
“Realidad…”- susurra mentalmente.
Solitaria
Acostumbro a estar sentada en una esquina y observar el ambiente de la ciudad, observo a la gente apurada que apenas toman su café y salen urgidos por una pesadilla desconocida y constante.
Suelo mirar y dejar que el pensamiento vague alrededor de las calles y de las personas, es así como descubro a la gente sola, como encerrada en si misma, como si esperara algo o a alguien: quizás alguna noticia, quizás el encuentro con un viejo amor o simplemente un sueño que le permita afrontar las horas y la vida y así ir modelando los valores de cada uno.
Y me parece leer en esta gente sola como una lejana tristeza, un
dejarse estar en esos náufragos de la vida.
Personajes que me recuerdan a los que a veces veía sentados en un bar, bebiendo un café o simplemente leyendo en diario, tal vez su única compañía.
Causa pena la soledad del hombre en medio del fárrago de las ciudades.
De ese ser que esta solo y espera, porque sabemos muy bien que la vida es una larga espera, hasta que nos vamos a lo mejor sin haber encontrado respuestas a nuestros sueños.
Y me pongo a pensar e imaginar si ese ser que esta solo y la soledad se le escapa de los ojos, no es un poeta garabateando en su mente, unos versos para el recuerdo, una carta de amor o quizás una despedida final.
Hasta quizás sea un periodista aguardando la gran noticia o alguien que teniendo escasos centimos en los bolsillos, quiere canjear sus sueños.
A veces observo a una mujer que une a la soledad una lejanía de sueños pasados.
O se me ocurre que es una mujer que ha perdido todos los trenes y también el último beso.
Y alguna joven que tal vez, como la Cenicienta, esté aguardando el Príncipe azul.
Veo solitarios que queman sus cigarrillos como esperando ver surgir desde las cenizas un ave que les acompañen en su soledad.
¿No será que a veces el hombre se vuelve casi una sombra?
Ese camino fantasmal que se abre hacia el viaje final, cuando ya perdemos todo.
Hombres y mujeres en soledad. Un Mundo pequeño y denso girando en cada rastro, en cada actitud ante la vida.
Extraño
Un respiro profundo, para ver si sale algo de voz de esa garganta seca. Me gustaría oir de esos labios aunque solo fuese un susurro...anda dime...no te haré daño. Lo prometo.
Me gusta tu compañía, aunque seas fria no me molesta que estes aquí; al principio sentia miedo, me asustaba el roce de tu mano en mi piel...era muy frio.
Pero me he dado cuenta que a lo mejor no eras tú la que necesitaba mi compañía, si no yo...Tal vez alguien te enviara para que me cuidaras o para guiarme hacía un buen camino...¿Pero donde se encuentra ese camino?.¿Cómo voy a saber lo que sientes?. Si no me hablas, no te puedo oir y necesito, es más quiero oirte.
Aunque sabes...la compañía silenciosa es agradable, solo espero no hacerte daño no me gustaria perder un nuevo amigo.
Lamento haber mojado tu cara, es solo que estabas muy cerca de mis ojos. Es solo que a veces necesito desahogarme, no te asustes. Prometo no hacerte daño y empezar de nuevo.
¿Que te parece mi idea?, esta bien...empezare yo, ya que no puedo oir tu voz...
Hola extraño me gusta ver tu sombra en la pared de mi habitacion, aunque me encataria poder verte en persona...
Reflexiones
Quisiera saber si detrás de todo eso puedo encontrar algo que me haga continuar.
No sé porque me puse así, por nada sentí una ira incontrolable, las lágrimas salían de mis ojos y corrían por mis mejillas mientras yo trataba d respirar tratando de encontrar una solución, pero no encontré explicación para tal tormento, el dolor se siente crecer dentro de mi corazón cuando éste luchaba por seguir latiendo cuando de pronto pude sentir un breve alivio mientras mis lágrimas seguían derramándose en la cama. De pronto mi mente se detuvo y mi corazón dejó de sentir ese dolor insoportable que no parecía terminar.
Tuve una idea, recordé aquellos momentos de principios de mi adolescencia cuando para aliviar mi sufrimiento recurrí a lo que mas me gustaba hacer que era escribir. Al recordar esos momentos cogí un boli y comencé a plasmar mis sentimientos, tal y como lo hacía aquellas veces y así, pude encontrar un poco de tranquilidad dentro de mi, hasta que esa paz fue perturbada por una presencia que llamó a mi puerta, la cual pensé que venia en busca de respuestas pero que después descubrí sólo tenía peticiones para mí...
En un principio prohibidas, después entregadas y al final arrebatadas.
Conversaciones
¿Lo mejor?, dime que es lo mejor...si cada vez que creo encontrarlo se me esfuma de los brazos, si cada vez que estoy en lo alto caigo, y me destrozo en mil pedazos. No me apetece levantarme... -¿Que la vida sigue dices?- lo se, ¿Que esta llena de sorpresas?- Eso también lo sé, pero por el momento me quedaré aquí,aquí donde caí esta vez -Me levantaré...¿Qué cuánto tardaré?.- Eso no lo se aún. Me puedo levantar de mil formas,mientras tanto me quedaré inventando, inventando la noche, el aire, los sueños, unas sabanas, inventaré el llanto, los dolores, aunque lo inventado se volverá costumbre, se volverá un hechizo, inventare los amigos, total ya inventé mis propias manos y mi propio futuro, allí modelé las leyes, las normas, los conflictos, los inviernos y mi propia imaginación. -¿Que es díficil?- Difícil ver a un gato negro en una habitación oscura, especialmente cuando el gato no está y lo es más todavía cuando finjo que lo estoy buscando. Al fin y al cabo la interrogación sin punto sólo sería una curva peligrosa.














