lunes, 15 de octubre de 2012
Pesadilla
Me miro en el espejo, y en él se reflejan el peso de las horas de insomnio. Me asusta la palidez de mi rostro, la profundidad de mis ojeras. Detrás del espejo está la cama, ese monstruo que me tienta, que me ofrece un premio que nunca puedo recibir; la odio, en cambio la sigo buscando con anhelo cada noche. Cierro los ojos, intentando despejar mi cabeza, condicionándome de todo lo que voy a tener que pasar, las pesadillas a las que me voy a tener que enfrentar.
Tengo miedo, lo reconozco; ¿pero cómo no tenerlo cuando sabes todo lo que vas a ver, todo lo vas a sentir? Siempre me consideré una persona fuerte, ahora me asusta mi debilidad.
Voy hacia la cama, y siento como el peso de mis pies se incrementa cuanto más me acerco a ella. La adrenalina invade mi cuerpo, mi corazón se acelera y sus latidos me martillean la cabeza; tengo que morderme el labio inferior para no marearme. Cada día me cuesta más. Cuando consigo acostarme el sudor perla mi cuerpo y los músculos de mis piernas se quejan por el trabajo realizado. Recupero el aliento poco a poco antes de meterme entre las mantas.
Ya estoy; tendida con la mirada fijo en un techo que me conozco de memoria. Mi mano busca el interruptor, pero mis dedos no lo quieren pulsar. Siento como la desesperación crece dentro de mí. Apago la luz.
Me quedo escuchando el silencio de la noche, dejando que mis ojos se acostumbren a la oscuridad que me rodea para que cerrarlos no me resulte tan complicado. Es un truco que por ahora engaña a mi mente, pero cada día me cuesta más hacerlo. Siento como mi cuerpo se sume en un estado de falsa tranquilidad, mi ritmo cardíaco desacelera, la sangre fluye más lenta entre mis venas, mis pulmones cogen más aire y lo aguantan más tiempo. Ahora o nunca.
Cierro los ojos ante la protesta de mi cabeza, que me pide que los abra para no ceder a las pesadillas; pero tengo que hacerlo, llevo tres días sin dormir y necesito descansar. Esa guerra interior dura más que de costumbre y a punto estuve de ceder, pero conseguí mantener los ojos cerrados.
Ahora solo me queda esperar a que el sueño venga a mi encuentro, y con él las pesadillas que ahogan mi alma. Siento como voy perdiendo la razón de forma lenta, como si me estuvieran avisando de que me están esperando.
Y llego a junto a ellas.
Estoy sola en un campo totalmente llano, donde mi vista se pierde en un horizonte que está a miles de kilómetros. Mire hacia donde mira solo veo verde y azul. Tampoco se escucha nada; ni el cantar de un pájaro, ni el respirar de una lagartija, ni el aleteo de una mariposa. Un silencio infinito que se extiende ante la nada.
Empiezo a andar buscando la más mínima señal de vida, todo es en vano.
Entonces empieza, ya está aquí, me encontró. Echo a correr aún cuando no soy capaz de mirarlo, siento como grita de júbilo por hallarme. Corro como si se me fuera la vida en ello, como si la posibilidad de despertarme no existiera.
Freno en seco, ante mí acaba de aparecer un bulto, lo miro lejos, en la distancia; pero en dos zancadas llego a su lado. Tiene forma humana y me agacho a su lado para suplicarle que me ayude; las palabras se mueren en mi boca. Es él. Su enorme sonrisa me recibe y sus colmillos me dan la bienvenida.
Grito y él se ríe en una carcajada que me perfora los tímpanos.
Vuelvo a correr, más rápido que antes si cabe. Su carcajada quedó suspendida en las manos del eco y por mucho que me tapo los oídos no puedo dejar de escucharla. Giro la cabeza intentando calcular la ventaja que le llevo pero el ya no está allí, aunque siento como sus ojos me están espiando desde todos los ángulos.
Cuando vuelvo a mirar al frente su cara vuelve a estar delante de la mía, sus ojos vacíos de vida se clavan en los mismos y siento como mi temperatura corporal desciende. Caigo al suelo y escucho como mi brazo se rompe al caer debajo de mi cuerpo. Grito de dolor, mas no me despierto. Reculo como puedo, preguntándome porque no me despierto, porque sigo en el mundo de los sueños. Mis preguntas no tienen respuesta.
Él me mira, se está divirtiendo, lo sé; y esa certeza hace que aún tenga más miedo y que la idea de despertarme de pronto me parezca imposible. En un último intento me vuelvo a tirar encima de mi brazo y, aunque el dolor hace que me salten las lágrimas, sigo estando en el mismo sitio y él sigue estando delante de mí.
Se agacha y siento como sus manos agarran mis tobillos. Pataleo, pero eso solo consigo que gire el brazo de forma brusca y que mi tobillo se rompa. Grito de nuevo, suplico que me despierten, pero sé que nadie va a hacer nada. Sus manos se cierran entorno a mi cuello y aprietan despacio, privando de aire a mis pulmones con demasiada lentitud. Siento como la vida se me escapa, como mi último aliento se acerca. Me pierdo en sus ojos y miro su satisfacción antes de que se me cierren para siempre.
Conquistar el cielo
Me senté y cerré los ojos y entonces me vi... me vi a mi, llena, repleta de amor que no había dado, de amores que nunca habían sido amores, rodeada de personas que no me interesaban. Entonces paré... Y me acordé que me habían amado, que había personas que realmente se interesaban por mi.Me acordé de cada una de las tarde donde me había dedicado a caminar en silencio por la calle, con la cabeza solamente en el canto de los pájaros, sintiendo el aroma de cada una de las flores. El olor a jazmín de aquel chalet...
Viajé hasta mi infancia, cuando me sentaba bajo los árboles para escribir cartas de amor que nunca iba a dar, me acordé cuando me escondía detrás de los árboles para ver ese chico que robaba todos mis sueños, mientras que soñaba, vivía una vida nueva, llena de felicidad, un sueño que no terminaba nunca.
Y fui a mi adolescencia metida en libros que contaban grandes historias de amor, donde yo podía seguir imaginando mi futuro, cogía mi cuaderno y escribía una poesía tonta para el amor del momento, ese amor, ese amigo que nunca se había fijado en mi.
Las tardes de deberes y merienda con mis amigas hablando de chicos,las escapadas a fumar con Lorena cuando ya no queríamos hacer mas gimnasia, los chicos malos del barrio con los que nos gustaba charlar, como si eso nos diera seguridad, y las tardes de fin de semana interminables, mirando un cielo que algún día sería mío.
Y llegué a la casi madurez, los veranos en la playa, conquistando corazones inconquistables, con una histeria estúpida, tomando sangría corriendo durante ratos por la playa para no perder la costumbre de correr y con los pies descalzos por la playa no olvidarme que podía caminar despacio también.
Me acuerdo que un día me desperté y dije, bueno ya soy grande y busqué un trabajo, ya no me divertía salir, ya no me divertía beber, ya no me divertía hablar con los chicos malos del barrio, pero todavía me sentaba debajo de un árbol a escribir o leer, o de espaldas al cielo viendo como las hormigas hacen su trabajo con una rigidez casi absoluta, o miraba el cielo y seguía pensando "un día eso va a ser mío" y me iba en una nube a recorrer el mundo que habitaba en mi cabeza, las pirámides de Egipto, las playas de México, las Navidades de New York, los trenes de Tokio, la muralla china, el camino Inca, Roma, París, Brujas que siempre fue un lugar de ensueño, cada lugar era un misterio.
Conocía personas mentalmente, imaginaba situaciones divertidas y ridículas, nunca perdí la facilidad de reírme sola y sin sentir vergüenza, sin creer que estará pensado la gente de mi sonrisa.
Cuando abrí los ojos me di cuenta que soy una niña que todavía mira el cielo sabiendo que lo puede conquistar cuando quiera, y una mujer que lucha por alcanzar todos los sueños, sabiendo que disfruto cada partícula del tiempo que me fue dado.
…Que sucede ojos tristes, ojos llorosos
pupilas apagadas
labios resecos y temblorosos...
...Dónde están tus alegres miradas
tus pupilas sonrojadas,
y la sonrisa de tus labios
qué sucedió con tu rostro...
...Por qué tu corazón llora
donde dejaste la alegría de tu alma
y toda la felicidad
que compartías y radiabas...
...Estás decaída, estás ausente
qué sucedió en tu interior
qué piensas, qué deseas
por qué no te descubres,
no te buscas, no te respondes...
...Por qué no ríes cada día
vuelve a lo infantil, a tu niñez
se como siempre
optimista, segura y feliz...
...Que las cadenas de la amargura no te aten
deja atrás en lo que te transformaste,
y siempre recuerda
que solo en ti va
que las fuerzas no se te acaben...
Cadenas
Mientras miro la plenitud del sol, el atardecer, y el anochecer; mi corazón se encuentra afligido, triste, al no poder librarme de las cadenas que día a día siguen apretando mas y mas a mi corazón.
Siento que el tiempo para mí se está acabando, que en cualquier momento mi alma se separará de mi cuerpo; mi corazón late desesperadamente, tratando de buscar consuelo, pero termina muy cansado, porque otro, otro día sin descanso, otro día sin poder librarme de las cadenas que poco a poco siguen destruyendo mi corazón y mi cuerpo.
A través del espejo, miro mi rostro - que en otras ocasiones lucía radiante, lleno de alegría – ahora luce muy cansado, ya no refleja esa luz, esa chispa que emanaba, y que radiaba de alegría; mi cuerpo encorvado - pareciera que la edad ha hecho estragos rápidamente en el- ya no es el mismo.La rapidez y la agilidad simplemente han desaparecido, se han ido y han desaparecido de mí, dejando una profunda tristeza, que día con día se observa con mayor asomo en mi rostro.
¿Cuando? ¿Cuanto tiempo mi corazón esperará, para poder escaparme de esas tormentosas cadenas, que un día o algunos meses parecían agradables?
Hoy es un día diferente a todos...Porque dice en el calendario que es una fecha diferente a la de ayer.Porque el reloj marca la misma hora, pero en un día diferente.Porque presencio otro clima que el de ayer.Pero para mi hoy es igual que ayer y sobre todo no noto la diferencia.
Melancolía
Sólo en la soledad del universo uno piensa que todo en la vida pasa sin motivo alguno. Nos sentamos a ver la lluvia caer mientras la melancolía fluye a través del sonido de las gotas por doquier, el ambiente se respira diferente mientras la nostalgia nos inunda aun en calor de la seca habitación. En la mirada triste del paisaje mojado nos encontramos a nosotros mismos haciéndonos preguntas sin respuesta sin motivo alguno.
Solos... Solos en la inmensidad del universo que se mira triste desde la ventana en una habitación, con nada más que nosotros mismos en un error que detiene al tiempo para nosotros.
Y cuestionando inútilmente al pasado nos decimos... ¿Qué pasa entonces?... ¿No lo hicimos bien? ¿Ya deberíamos olvidarlo de una vez? O ¿es que nos gusta sufrir en las noches lluviosas?
Nadie lo sabe verdaderamente, pues el universo aparentemente no contesta en noches lluviosas.
Imbatible sensación de pugna entre el juego del ayer y la realidad de hoy. Sólo la melancolía que viaja con la música hipnotizando nuestro oído mata el rato y a nuestros pensamientos, música que separa la razón del corazón haciéndonos más libres, haciéndonos sentir con las notas aquella emoción que extrañamos con el alma.
Miserablemente... Sólo sucede por instantes pues el momento es eso y nada más. Después sólo es la sensación de vacío si no tienes a nadie a quien llamar. Nadie... Y quizá exista alguien a quien llamar para decir nada, pero la posibilidad de llamar a esa persona especial para nada o lo mismo, es remota en la oscuridad y serenidad de la noche lluviosa. No hay deseo ni anhelo, a veces ambición de compañía en donde sólo está la cama y una silla, un techo con lámpara que no deja de ser solitaria en la inmensidad de la nada, que nos tiene cautivos con la mirada fija. Y eso provoca sentir y recordar que hoy como ayer estamos... Solos.
Sólo en la inmensidad del universo, en esta noche lluviosa
El olvido es un pajaro
-“Perdona, ¿tienes hora? el autobús está a punto de llegar y no sé de qué color ponerme los zapatos”. El hombre me mira entre curioso y distante, como si le hubiera interrumpido en medio de alguna disquisición fundamental pero sin llegar a molestarle del todo. Repasa mi cuerpo de forma anómala, extravagante. Las manos, después los ojos, para terminar en mis pies descalzos. “Bonitos calcetines” comenta ignorando mi pregunta. Pero su voz parece haber surcado todas las oscuras cavernas del mundo antes de acabar en mis oídos. Entonces comprendo. Es la Muerte. No me sorprendo, aunque nunca imaginé que la Muerte llevaría traje de chaqueta y tendría orejas de gato. Le observo con discreción. El resto de sus rasgos me resultan bastante anodinos; por ello, no los recordaré. Pero su voz y sus orejas, decido en el momento, eso sí que me lo traeré de vuelta. -“Gracias”. Contesto, y empiezo a escabullirme por la calle, no sea que le apetezca ser más diligente en su trabajo. Hay más paradas de autobús. Más autobuses. Aunque pensándolo mejor, no me apetece demasiado subirme a un autobús atestado de gente estando descalza. Me los imagino a todos, con sus caras disgustadas, mirándome de arriba abajo, fijando sus pupilas escrutadoras en mis calcetines sucios por el asfalto, y la idea me estremece, de igual manera que estimula algún resquicio de mi conciencia subversiva. Pero no. Hoy, ni estoy de humor para ir a clase, ni para enfrentarme a la Muerte ni a los prejuicios de la sociedad. Me apetece algo más intimista. Tal vez una biblioteca. Por eso busco una. Sí. Libros. Silencio. Paz. Contradictorio, ciertamente, pero la paz inunda las bibliotecas como el agua la tierra de una marisma. Entre libros que narran los crímenes más atroces y guerras salvajes se puede escuchar nítidamente el susurro del aleteo de una mosca. Los relatos transcurren de puertas para dentro sucediendo con bullicio en la mente de quien los lee. Sus oídos, invadidos por los gritos y el entrechocar del acero, las risas, las voces, las olas del mar y las explosiones, están cubiertos por una paradoja de silencio. Pestañeos, inhalaciones y exhalaciones de aire. Para un oyente externo no hay sonido más relajante que el de una mente ajena a la realidad de su existencia. Los observo y los envidio. Yo también deseo sumergirme en esa paradoja. Miro las estanterías, inabarcables, infinitas a mis ojos. Me armo de valor y avanzo por una galería estrecha. Instintivamente busco la “O”. Mientras camino calculo que hay unos 60.000 libros cuyo título empieza por la “N”. De la “Ñ” tan sólo encuentro ocho. De la “O” sólo hay un ejemplar. Conozco el nombre de antemano. Lo ojeo. Al azar escojo una página y leo. “El olvido es como el pájaro que se va y no regresa en la estación siguiente ¿Qué habrá sido de él? Uno se pregunta. Tal vez encontró en su camino algún otro paraje en el que decidió quedarse. Tal vez un lugar en el que las aguas cálidas lo acogieran durante todo el año. Pero lo cierto es que nunca sabremos qué habrá sido o qué será de aquel pájaro”. Entonces tengo un absurdo pensamiento. Me gustaría ser la cazadora del pájaro. Iría en su busca y no pararía hasta dar con él. Lo encontraría quizá apacentando en una laguna cercana, tal vez muerto entre la hierba del deshielo. Pero lograría acariciar sus plumas una última vez, para cerciorarme de su existencia, antes de volverlo a dejar a su suerte. Absurda profesión que ojalá recuerde: Cazadora del Olvido. Enfrascada en mis pensamientos escucho un grave carraspeo a mi espalda. Me doy la vuelta. -“¿Otra vez usted?”- Pregunto. -“Hola” -su voz, esta vez, me resulta algo más cálida.-“Buscaba cierto libro que escribí hace tiempo.” -“¿Es escritor?”.-Hablo de nuevo, con la cautela inevitable al iniciar una conversación con Ella. El hombre se encoge de hombros como si no supiera bien qué contestar a esa pregunta. -“¿Y sobre qué escribe?” En esta ocasión, más interesado, medita durante unos instantes la respuesta. -“Uno escribe sobre lo que mejor conoce.” Su media sonrisa es casi amistosa, comprensiva. Apenas siento el impulso de abrazarlo, aunque me contengo. -“Entonces este libro es el que anda buscando.” Lo dejo en su mano y me despido con un gesto. “Lo siento mucho- digo mientras me alejo entre las estanterías.- No puedo quedarme a conversar con usted. El despertador está a punto de sonar, y si continúo dormida, perderé de nuevo el autobús. Me temo.”
Hasta luego
Una noche cualquiera, una noche única. La misma que se confabula con mi confidente astral para darte un hasta el luego largo en el tiempo. Y mientras el tiempo se consuma, mi pena bañada en el llanto ausente del lamento me servirá de terapia limpiadora en pago por el nefasto equívoco.No es nuestro tiempo, quizás nunca lo fue. No por tu presencia en mi vida sino por la mía al cruzarse por la tuya. Por pretender llevarte a la fuerza, prisionera en mi caravana de patosos vaivenes. Expuesta a esos vientos cambiantes de un alma embarullada.
Mi corazón siente tu ventura través del tiempo y el espacio. Créeme cuando declaro que me regocija lo que percibo. Contentura que se desdobla en ese recordatorio de mi error. Filoso cuando corta el espíritu, nauseabundo cuando disuelve su hiel en el paladar etéreo del recuerdo. Persiste campeadora de la luminiscencia, ve hasta los confines de tu ilusión. Sigue y no voltees la mirada.
Porque tras de ti queda el pasado que es historia escrita en mármol. Y como tal ya es imborrable con sus atinos y sus yerros. Desde ahí mi corazón te bendice mientras se desvanece bajo la espesa niebla del hasta luego definitivo.



